martes, 20 de junio de 2017

La Batalla de las Arenas



Hoy nos crecen las arenas
en los pies se adocenan
y surge un orden nuevo
donde el hombre ensombrece
lejos de la porcelana
que nutre las alacenas.


Sale el sol por levante
como por equivocación,
y como cada mañana
en él bañamos nuestras penas
las grandes, y las pequeñas
con un bostezo redentor.


Se nos hunden los tobillos
en el blando pasar de los días
y sus habituales averías
las complejas, y las sencillas.


Y nos sube un rastro de hormigas
obedientes por las pantorrillas
hasta alcanzar
la última palabra
que aún retumba en la boca,
para aprender sin desesperanza 
a escapar una vez más
del desfile anodino de la tropa.


Nos crecen las arenas
y ya nos llegan hasta las rodillas,
mientras contemplamos ausentes
el leve comercio
donde se retuerce la vida.


En este escenario
de luces anodinas
tan solo tu beso
es capaz de obrar el milagro,
para que podamos levantar el vuelo,
librarnos de estos pies de barro
y de la condena perpetua
de perdernos en este mar de arena.


Que pretende hundirnos
en la más triste miseria
de un cuerpo cubierto de hormigas
excavando sus galerías
por entre nuestras entrañas
en el ladrido cansino
de la jauría de los días.


Tan solo en tu abrazo
es posible la magia
de palpar en nuestro silencio,
la gloria de un mundo nuevo
donde no exista el tiempo.


Tan solo en tu cuerpo
redimiremos el alma
lejos de la humedad 
de las despensas 
donde se almacena 
el óxido de las cadenas
como hordas impías
de relucientes mentiras 
que insolentes aguardan
la orden de unas mentes vacías
para levantarse en armas
y volver a la batalla de las arenas
con la primera luz del alba.

                                                       
                                                                   josiño.)